jueves, 16 de agosto de 2007

Algo de Jean-Luc Nancy


El sentido del Mundo.

Escrito por Jean-Luc Nancy

El sentido del mundo.


“Entonces ¿cómo deberíamos entender que el pensamiento pueda comenzar por (ser) una respuesta?”
“Respuesta: esto no sólo es posible, sino incluso necesario, en la medida de que no hay más que un solo y único pensamiento, el del “sentido de la vida”, y que en tal “sentido” no hay que escuchar otra cosa que la vida misma (un ingrediente que sería la sal de la vida, un juicio final en cuyo espacio encontraría su orientación), mejor aún, no hay que escuchar otra cosa que la constitución formal a priori del vivir en su desnudez. Pues esta formalidad existencial se halla construida, si es posible atreverse a decirlo de este modo, en forma de respuesta: ella hace del hombre ese extraño viviente que, haga lo que haga – o deje de hacer lo que deje de hacer -, padezca o no, hable o calle, responde al mundo y responde del mundo.”[1]
Gerard Granel “Le monde et son expresión” (El mundo y su expresión), La part del l´oeil (La parte del ojo), número 8, Bruselas, 1992.

“Intoducir un sentido – esta tarea aún permanece bajo el estatuto absoluto de lo que está por lograrse, si se admita que en ella no reside sentido alguno”, Frédéric Nietzsche, Fragments posthumes automne 1887 – mars 1888 (Fragmentos póstumos otoño de 1887 – marzo 1888), trad. Pierre Klossowski, [2]
(Euvres philosophiques complètes (Obras filosóficas completas), Paris, Gallimard, 1976, p. 34.

“Escribir, “formar” en lo informal un sentido ausente, Sentido ausente (no ausencia de sentido, ni que faltara sentido, potencial o latente). Escribir, acaso, consiste en llevar a la superficie algo así como el sentido ausente, en acoger el empuje pasivo que aún no es pensamiento pero que ya constituye el desastre del pensamiento. Su paciencia.”
Maurice Blanchot, L´Ecriture du désastre (La escritura del desastre), Paris, Gallimard, 1980, p. 71.

“Solo ella se subleva, seno desnudo en el sentido que consume”.[3]
Mathieu Bénézet, Ode à la poésie (Oda a la poesía), Bordeaux, William Blake & Co., 1992, p. 26.

Hasta hace poco tiempo, todavía se podía hablar de “crisis de sentido” (ésta fue una expresión de Jan Patocka que le tocó retomar a Vaclav Havel): una crisis se analiza, se supera. Era posible reencontrar el sentido o al menos indicar a grandes rasgos una dirección. O bien todavía se podía jugar con los destellos, con las burbujas de un sentido a la deriva. Hoy estamos más lejos: todo el sentido se encuentra en estado de abandono.
Esta circunstancia nos hace desfallecer, y sin embargo sentimos (tenemos ese sentido) que vivimos de esto mismo, de estar expuestos a ese abandono del sentido.
En las mujeres y en los hombres de este tiempo hay una manera más bien soberana de ya no hacer pie, sin por ello experimentar angustia, y de caminar sobre las aguas del ahogo del sentido. Una manera de saber, precisamente, que la soberanía no es nada, que la soberanía es esa nada en la que el sentido siempre se excede. Lo que resiste a todo, y acaso siempre lo hace, en toda época, no es un mediocre instinto de especie o de supervivencia, es ese sentido.
En este tiempo, el nuestro, están por un lado todos los riesgos de la espera de sentido, de la demanda de sentido (como esa baderola en Berlín, sobre un teatro, en 1993, “Wir brauchen Leitbilder”: Tenemos necesidad de imágenes directrices”), con todas las temibles trampas que semejante demanda puede tender (seguridad, identidad, certeza, filosofía como distribuidora de valores, de visiones de mundo y - ¿por qué no? – de creencias y de mitos); y, por otro lado, toda la chance de saberse ya más allá de la espera y de la demanda, ya en el mundo[4] en un sentido inaudito; es decir, tal vez, de este otro lado, nada más que lo inaudito, que retorna eternamente a hacerse escuchar por el sentido mismo, por un sentido que precede todos los sentidos y que nos precede, previniente y sorprendente a la vez.
Hacer lugar a este exceso del sentido por sobre todo el sentido apropiable, y desprenderse, de una buena vez, de aquello que Levi-Strauss llamaba “la pesquisa agotadora de un sentido detrás del sentido, que jamás es el correcto”[5], he aquí la apuesta – y en ella no hay nada de escéptico ni de resginado, es la recompensa misma del sentido, que debe escucharse más allá de todo sentido pero que no proviene de ningún “mas allá” del mundo.

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Los que ceden a la demanda de sentido (que ya parece hacer sentido por sí misma y tranquilizar…) demandan al mundo que se signifique como residencia, abrigo, habitación, salvaguarda, intimidad, comunidad, subjetividad: significante de un significado propio y presente, significante de lo propio y de lo presente en cuanto tales. (Los que todavía significan el mundo en tanto sentido de una pesquisa infinita o de un pasaje hacia otro mundo no cambian nada fundamental: el significado último termina teniendo la misma esencia) Para ellos la mundialización del mundo, que es nuestro elemento y nuestro acontecimiento, el “cosmopolitismo”, la teletécnica, desapropian, y des-significan el sentido, lo hacen jirones.
Aquí no se les opondrá un no-sentido nihilista, ni un sentido “insensato” que oscilaría entre disoluto y místico. Aunque se les objetará que el sentido tiene todas sus chances y todo su sentido solamente más acá o más allá de la apropiación de significados y de la presentación de significantes, en la apertura misma de su abandono, en tanto apertura del mundo.
Pero lo “abierto” no es la cualidad vaga de una hiancia indeterminada[6], ni de un halo de generosidad sentimental. Lo “abierto” vuelve apretada, trenzada, estrechamente articulada, la estructura del sentido en tanto sentido del mundo.
[1] Nota de la traducción: también podría leerse “responde en el mundo y responde del mundo”.
[2] N. de la T. : la traducción francesa de Klossowski, que Nancy cita explícitamente, dice “Introdur un sens – cette tâche reste encore absolument à accomplir, admis qu´il n´y réside aucun sens”.
[3] N. de la T.: “Seule elle soulève sein nu dans le sens qu´elle consume”.
[4] N. de la T.: escribimos “ya en el mundo” para traducir “déjà au monde”. Juego de palabras con la expresión francesa “venir au monde”: venir al mundo, nacer.
[5] Claude Levi-Strauss, Didier Eribon, De près et de loin (De cerca y de lejos), Paris, Odile Jacob, 1988, p. 225.
[6] N de la T.: “hiancia” traduce el significante francés “béance”. Esta es la decisión que adoptara Tomás Segovia en su traducción de los Escritos de Lacan y que se hiciera habitual en español. Leemos “béance” en cuanto abertura, grieta, locación sustantiva que consiste en un hiato, especialidad de la fractura.

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